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Ecuador: A las puertas de la transición política

El presidente de Ecuador, Lenín Moreno, necesitaba hacer borrón y cuenta nueva en su gobierno. Tras ganar una ajustadísima elección presidencial con el 51.16% de los votos, Moreno requería legitimar su administración luego de romper con la legacía de su predecesor y purgar a figuras importantes de lo anterior, entre ellos su propio vicepresidente, Jorge Glas, condenado a 6 años de prisión. En este proceso, Moreno convocó a Consulta Popular a más de 13 millones de ecuatorianos, quienes asistieron a las urnas por tercera vez en menos de un año.

Ecuador tiene una larga experiencia en la votación de Consultas Populares y Referéndums, siendo ésta ultima la décimo segunda de su historia democrática. La ciudadanía está acostumbrada a ser consultada para temas de diferente relevancia: desde la aprobación de una nueva Constitución (2008), hasta temas puntuales como la eliminación de las corridas de toros o la existencia de casinos (2011).

Las siete preguntas de la Consulta Popular del 4 de febrero obedecieron a un momento políticamente trascendente, un punto de inflexión que podría ir más allá del mero cambio de estilo del Presidente Moreno, más tolerante y proclive al diálogo que su antecesor.

Entre los temas más importantes de la Consulta está la lucha anticorrupción. Ecuador votó a favor de la denominada ‘muerte civil’ (con un 73.7 por ciento), que implica la prohibición para participar en la vida política del país a aquellas personas que hayan sido condenadas por actos de corrupción. Otro tema álgido fue el voto en contra de la reelección indefinida, con el 64.2 por ciento de apoyo popular, Lenín Moreno ha conseguido dejar fuera de una eventual carrera por la presidencia en 2021 a su principal opositor, el expresidente Rafael Correa.

Una jornada electoral pacífica

La jornada electoral se desarrolló sin conflicto, lejos de la tensión y desconfianza que dejaba el desenlace de la última elección presidencial. Observadores internacionales: OEA, UNASUR, A-WEB y UNIORE, misiones diplomáticas y partidos políticos acreditados, fueron testigos de un proceso de votación pacífico y con un alto nivel de participación correspondiente al 82.1 por ciento del padrón.

A las 8 de la noche de ese mismo día, el Consejo Nacional Electoral (CNE) anunció los resultados de su conteo rápido, que fueron acorde a la tendencia mostrada en las encuestas. Ecuador pidió un cambio, el Sí ganó en todas las preguntas superando el 63 por ciento en cada una de ellas. (Vea lo siguiente.)

 ¿Qué significa la victoria del SÍ?

El resultado inmediato del SÍ es el fortalecimiento del liderazgo y la legitimidad del presidente Moreno. Se consolida la reconfiguración de las fuerzas políticas, especialmente en la Asamblea Nacional. El partido de gobierno, Alianza País, queda dividido entre los partidarios de Moreno y los del expresidente Correa. Por lo tanto, la mayoría absoluta deja de existir, con lo que el ala oficialista se verá obligado a trabajar políticamente con los partidos de oposición y abrirse al consenso por primera vez en más de una década. El contundente SÍ no significa necesariamente apoyo irrestricto a Moreno, pero si la clara demanda ciudadana de un nuevo pacto social, que conlleva altas expectativas a las que el Presidente deberá atender, especialmente en el ámbito económico. Posiblemente lo más importante, la victoria del SÍ representa un paso firme hacia una verdadera transición política en Ecuador.

¿A qué responde ese 30 por ciento del NO?

Una parte importante de ese 30 por ciento corresponde al apoyo popular del que aún goza el expresidente Correa, un voto duro que podría capitalizar para su nuevo movimiento político de carácter personalista, cuyo nombre: Revolución Ciudadana coincide con las iniciales de su nombre. A pesar que ya no puede postularse como presidente, Rafael Correa puede hacerlo para otra dignidad; alcalde, prefecto o asambleísta. Una práctica que tampoco sería nueva en la política ecuatoriana.

Repercusión regional

La transformación en Ecuador pueden ser un ejemplo para algunos países de la región, como Bolivia o Nicaragua, donde el cambio por la vía electoral todavía es factible. El resultado de esta Consulta Popular se suma a la construcción de un camino para reducir la polarización social y renovar las elites políticas. Si el gobierno de Moreno profundiza los cambios, podría posicionarse como referente para América Latina en procesos de transición política. Pasar de gobiernos populistas con tintes autocráticos a una forma pluralista de gobernar, donde son necesarios los pactos y el diálogo con las minorías para reformar el país. Finalmente, el resultado de la Consulta Popular manda un mensaje a los países vecinos, los gobiernos del ALBA; Venezuela, Nicaragua y Bolivia, pudieran perder un aliado más en la región.

Sin embargo, por ahora todas estas posibilidades siguen siendo hipotéticas. Depende mucho de la habilidad del gobierno para cumplir las expectativas de los diferentes sectores. La democracia es un proceso, por lo tanto, el verdadero reto de Lenín Moreno apenas comienza ahora.